El Coloso de Rodas

De entre todas las siete maravillas del mundo antiguo, el Coloso de Rodas es, sin duda, mi favorita, por su grandeza, por su belleza, pero, sobre todo, por el significado que lleva implícito, un significado que nada tiene que ver con la arrogancia o sueños de grandeza de emperadores.

El Coloso de Rodas se erigió, obviamente, en Rodas como conmemoración de la resistencia del pueblo ante el acoso y los ataques del rey de Macedonia, Demetrio I Poliarcetes, el cuál era temido por su gran dominio del arte de la guerra.

Por tanto, el Coloso refleja la resistencia de un pueblo en defensa de su ciudad, de sus pertenencias, de sus hogares. El arquitecto que dirigió las obras fue Cares de Lindos, y fue construido en bronce, sobre armazón de hierro, llegando a tener hasta 32 metros de altura.

Sin embargo, el Coloso solo duró 56 años en pie, ya que en el 223 a.C. un terremoto lo derribó. Pero los habitantes de Rodas decidieron dejar los restos donde cayeron, ayudando a agrandar la leyenda del Coloso. Así fue hasta el año 654 d.C., fecha en la que los musulmanes robaron el bronce que conformaba el Coloso.

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